martes, 20 de noviembre de 2012

Entre la Idiotez y la Felicidad

Algo que me ha parecido sorprendente desde muy joven, es la capacidad de ser feliz de las personas.  Desde mi observación personal, la felicidad es un resultado analítico de un cúmulo de situaciones que ponen al individuo en un estado de alto bienestar.  Por lo tanto, es un resultado.

La idiotez, por su parte, es un término que utilizamos para describir a las personas en muchas ocasiones como sinónimo de "ignorante"... curiosamente investigué un poco y me sorprendí al saber que era una "enfermedad mental" (aunque discrepo profundamente de los diagnósticos psicológicos que encasillan a las personas), en la cual el individuo tiene un coeficiente intelectual de un niño de 2 años.

Paradógicamente, siempre he considerado que para ser feliz hay que limitar la cantidad de conocimiento e información y sentirse satisfecho con lo que ya se sabe... En palabras coloquiales: "Hay que ser idiota para ser feliz".

El exceso de conocimiento de las situaciones generan dudas, variables nuevas que analizar, y un sin número de posibilidades de desencadenamiento, que terminan sin lugar a dudas, en otro estado que generalmente hemos sentido: angustia y preocupación.  Esto no quiere decir que sea una fórmula matemática generalizada, pero en mi caso así ocurre.

Acabo de leer un artículo en el que explican el término de "Pan y circo para el pueblo". Es interesante ver como es de fácil distraer a las personas en lugar de darles información y conocimiento.  Pero es que nos volvemos adictos a la necesidad de la felicidad (o debo decir al estado de idiotez?). La distracción mental nos ayuda en cierta medida a no pensar en ese infinito cúmulo de variables y posibilidades que debemos afrontar con cada nuevo grupo de conocimientos que nos llegan constantemente, nos permite estar absortos, enagenados y aunque no estamos felices, nos hace sentir algo parecido (idiotas?).

Este tipo de adicción mental a la distracción, si es una adicción. La evidencia es muy difícil de demostrar, pero la puedo plasmar con algo muy simple, de mi experiencia personal. Siempre he visto televisión, desde muy niño, es más, yo considero que yo mismo me eduqué gracias a la televisión (tal vez sea por eso mi obsesión por hacer realidad la ciencia ficción).  Sin embargo, la televisión es una gran fuente de distracción: los comerciales, los contenidos de poco enriquecimiento en los horarios que más disponibilidad hay de audiencia (porque en otro horario se supone que estamos trabajando o estudiando, y es cuando ponen los programas educativos).  Desde hace algunos años cuando comenzó a llegar la televisión por cable, me interesó mucho saber que habían canales dedicados a la ciencia y la tecnología ("excelente" decía yo)... pero el comercio los fue desvirtuando hasta dejarlos sin contenido intelectual y solo sensacionalista... lástima.

Mi esposa siempre quiso que sacáramos el televisor del cuarto... eso fue hasta hace 3 años, cuando ella me vio caminando por la sala hacia el cuarto de los trevejos con el televisor a cuestas. Tomé la decisión un día que me levanté cansado, agotado, con la mente completamente turbia de preocupaciones, angustias económicas y trasnocho... necesitaba concentrarme en hacer más productivo mi tiempo y comencé a cambiar costumbres, la principal: ver televisión.  Hoy por hoy, puedo admitir que pasé por una etapa de abstinencia, quería sacar de nuevo el televisor, ver el programa que estaba acostumbrado por los domingos y sobre todo, encender el televisor a media noche para hacer zaping durante mi insomnio.

Fueron unos 15 o 20 días muy raros para mi... pero comencé a dormir mejor, a trabajar mucho más, leer muchísimo más (hábito que había abandonado casi completamente)... y sobre todo: a tener más contenido y tiempo para hablar con mi esposa.

Hace poco, volví a ver televisión, fue un acto de mera casualidad, y sentí algo muy parecido al asco mental o una sensación de diarrea cerebral... fue casi como una revelación ver lo poco objetivo de las noticias, el exceso de publicidad de cosas que nunca voy a comprar, el tiempo de estúpido misterio de los programas de concurso y la sensacional parafernalia con la que se anuncia un secreto, un acto o un comentario de alguien en un programa próximo.

Lo admito, sentí vergüenza por haber sido presa fácil de todo eso. Inmediatamente después, sentí angustia por la cantidad de gente que estaba allí atrapada en un momento de su existencia que podría estar usando en otras cosas... como por ejemplo: vivir!

Ser feliz no es sinónimo de idiotez.  Ser feliz es sinónimo de ser consiente, de estar despierto, de darte cuenta, de saber, de conocer, de vivir, de experimentar, de analizar, de concluir, de superarse, de tener victorias propias, de amar, de conquistar sueños, de viajar, de respirar, de maravillarse, de sorprenderse, de soñar, de asustarse, de mirar para el horizonte y suspirar.

Paradógicamente un idiota cree que es feliz, pero por eso mismo... por idiota.